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Té de manzanilla: qué es, cómo prepararlo y con qué combina

La manzanilla es la flor más tomada en México. Qué planta es, cómo se ha usado, a qué temperatura se prepara y por qué tanta gente la toma con leche.

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En casi cualquier cocina mexicana hay manzanilla. En bolsita, a granel en un frasco, o en manojo seco colgado. Es probablemente la planta que más gente ha tomado en agua caliente en este país, y casi nadie la llama por su nombre completo.

Qué planta es la manzanilla

La manzanilla es Matricaria chamomilla, una planta pequeña de la familia del girasol. Lo que se toma no es la hoja: es la flor, esa cabezuela blanca con el centro amarillo abombado.

No es originaria de México. Llegó de Europa y se naturalizó tan bien que hoy crece silvestre en buena parte del país y se vende en cualquier mercado. La Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana de la UNAM la registra con presencia en decenas de estados y con nombres distintos según la región.

Como no viene de Camellia sinensis, técnicamente no es un té sino una tisana. Y no tiene cafeína.

Para qué se ha usado tradicionalmente

Aquí hay que ser claro antes de seguir: lo que viene es registro etnobotánico, es decir, el uso que la gente le ha dado a lo largo del tiempo. No es una indicación médica ni una promesa. Si traes un malestar, eso lo ve un médico, no una taza.

Dicho eso, la manzanilla es de las plantas mejor documentadas de la herbolaria mexicana. El acervo de la UNAM la asocia sobre todo con molestias digestivas y con el uso que le dan las parteras tradicionales en padecimientos infantiles. La Secretaría de Medio Ambiente la menciona en el mismo grupo de plantas a las que la gente recurre para el estómago y para relajarse antes de dormir.

Que se haya usado así durante generaciones es un hecho cultural interesante. No es lo mismo que decir que funciona, y nosotros no lo vamos a decir.

Cómo se prepara

La manzanilla es de las plantas más nobles. Perdona el agua muy caliente y perdona el tiempo de más. Aun así hay una forma de sacarle lo mejor.

  1. Calienta el agua a unos 90 o 95 °C. Cuando empiezan a subir burbujas del fondo pero todavía no rompe el hervor.
  2. Usa alrededor de una cucharada de flor seca por cada 250 ml.
  3. Tapa la taza mientras reposa. Esto es lo único que casi nadie hace y lo que más cambia el resultado. El aroma de la manzanilla está en aceites que se van con el vapor: si dejas la taza destapada, la mitad se te escapa al techo.
  4. Cuatro o cinco minutos. Después de eso no gana nada.

Si la flor queda flotando y te estorba, cuela. No la exprimas contra la cuchara: ahí es donde sale el amargor.

Té de manzanilla con leche

Es una de las formas en que más se busca y no es un invento moderno. En muchas casas se prepara así de toda la vida, sobre todo para los niños y para la noche.

La regla que resuelve casi todo: la flor nunca toca la leche caliente en la olla. Se prepara un concentrado en poca agua, se calienta la leche aparte sin dejarla hervir, y se juntan las dos al final. Hervir la flor dentro de la leche es lo que la corta y le deja sabor a quemado.

Las proporciones exactas, las variantes con miel, canela y anís y qué pasa con las leches vegetales están en té de manzanilla con leche.

Con qué combina

La manzanilla es una base, no una protagonista celosa. Aguanta compañía sin desaparecer.

  • Tila. La pareja clásica de la noche mexicana. Se refuerzan sin pelearse.
  • Lavanda. Con muy poca basta. La lavanda de más deja sabor a jabón.
  • Hierba limón. Le pone filo cítrico y le quita lo plano.
  • Canela. Sobre todo si va con leche.
  • Miel. Mejor al final, con la infusión ya tibia.
  • Limón. Funciona, pero corta el aroma floral. Es otra bebida.

Esa combinación de manzanilla con tila, hierba limón y un toque de lavanda se puede armar en casa con flor suelta: mucha manzanilla de base y muy poco de todo lo demás.

Fría también

La manzanilla en frío es de las tisanas que mejor se comportan, y casi nadie la toma así.

Déjala en agua fría en el refrigerador entre seis y ocho horas, más o menos una cucharada por cada 250 ml. Sale limpia, sin amargor, con un dulzor de fondo que en caliente no se nota. Con hielo, una rodaja de durazno y hierbabuena es otra cosa completamente distinta a lo que la mayoría asocia con la palabra manzanilla.

Fuentes